T.P.
19/10/2026

Más de 120 profesionales participan en la quinta edición del congreso, organizado por Port

La sobrerregulación, los cuellos de botella logísticos y las tensiones internacionales son tres de los principales factores que condicionan el futuro del sector agroalimentario. Esta es una de las conclusiones de la quinta edición del Agrifood International Congress, celebrada los días 15 y 16 de octubre en Port, que ha reunido a más de 120 participantes para analizar los retos de una cadena de valor marcada por la incertidumbre económica y geopolítica.

Durante las dos jornadas, representantes empresariales, expertos y profesionales del sector han destacado la necesidad de reforzar la capacidad de adaptación de las empresas, diversificar las alternativas de suministro y avanzar hacia modelos logísticos más eficientes y sostenibles. El congreso también ha abordado las oportunidades de negocio vinculadas a las nuevas energías, la economía circular y el desarrollo de las zonas rurales.

La celebración del encuentro refuerza el papel de Port como principal puerto agroalimentario del Mediterráneo y como punto de conexión entre los diferentes agentes que intervienen en el transporte, almacenamiento, transformación y distribución de materias primas.

Sala-i-Martin analiza los factores de inestabilidad mundial

La conferencia inaugural, celebrada el jueves 15 de octubre por la tarde, estuvo a cargo de Xavier Sala-i-Martin, catedrático de Economía de la Universidad de Columbia, que pronunció la ponencia ‘Un mundo en tensión’. El economista identificó ocho factores que, según su análisis, explican el actual escenario de volatilidad internacional.

Entre ellos situó las políticas impulsadas por Donald Trump, los procesos de desglobalización y la configuración de un nuevo orden mundial incierto, así como los conflictos bélicos recientes y la fragilidad de corredores comerciales estratégicos como el estrecho de Ormuz, el canal de Suez y el estrecho de Malaca.

Sala-i-Martin también señaló la inseguridad alimentaria global, la fragilidad y la impaciencia que atribuye a las generaciones más jóvenes, la polarización política y social, el malestar hacia la migración, la complacencia europea y la revolución tecnológica, con la inteligencia artificial como uno de sus principales motores de transformación.

Ante este contexto, planteó cinco recomendaciones para gestionar los escenarios de incertidumbre: comprender el mundo actual, experimentar ante las nuevas circunstancias, diversificar para disponer de alternativas, aprender a distinguir la realidad de las apariencias y evitar caer en la complacencia.

La regulación europea y sus efectos sobre la competitividad

La segunda jornada comenzó con la intervención de Carme Soler, directora de ASFAC, la asociación de productores de piensos de Cataluña, que analizó el impacto de la normativa europea sobre el comercio agroalimentario.

Soler centró su exposición en el reglamento europeo contra la deforestación, conocido como EUDR, que establece requisitos para garantizar que determinadas materias primas comercializadas en la Unión Europea no procedan de tierras deforestadas.

La directora de ASFAC cuestionó que productos tan diferentes como la soja, el café o el cacao estén sometidos a exigencias similares, pese a las particularidades de sus respectivos procesos de producción. En el caso de la soja, recordó que se trata de una materia prima estratégica para la industria de los piensos.

Según explicó, las obligaciones de trazabilidad afectan a toda la cadena, desde el productor hasta el transporte, la logística y el procesamiento final, lo que «supone una presión brutal para toda la cadena de valor».

De acuerdo con los cálculos de ASFAC, la aplicación del reglamento representa un sobrecoste superior a los 150 millones de euros anuales, equivalente a un incremento de los costes del 12%, con repercusiones que acaban llegando a los consumidores.

Por este motivo, Soler defendió la necesidad de «regular sin perder competitividad» y advirtió de que garantizar el suministro de materias primas es una condición estratégica para el sector.

El bioetanol abre nuevas oportunidades para el sector agroalimentario

La transición energética y el aprovechamiento de las materias primas agrícolas protagonizaron la primera mesa redonda, titulada ‘Food, feed, fuel: el papel de las materias primas agroalimentarias en la transición energética’. Participaron Alberto Carmona, CEO y fundador de NixAl Commodities; Joan Bolet, vicepresidente de Vertex Bioenergy; y Joaquín Gaitán, Executive Manager de ADM Agro Ibérica.

Los ponentes analizaron las posibilidades que ofrece la producción de bioetanol a partir del almidón del maíz, tanto para avanzar en la descarbonización como para generar actividad económica y contribuir a fijar población en los entornos rurales.

Carmona explicó que este proceso permite aprovechar el almidón del cereal y reservar su proteína para otras aplicaciones, como la elaboración de piensos, lo que podría ofrecer alternativas a determinados usos de la soja.

Por su parte, Joan Bolet destacó el potencial del bioetanol para reducir las emisiones y aseguró que permite alcanzar una reducción del 70% respecto al etanol convencional. También expuso las posibilidades de capturar el CO₂ generado durante la producción para destinarlo a otras aplicaciones agroalimentarias o a la elaboración de combustibles sintéticos.

Joaquín Gaitán defendió este modelo como una oportunidad para impulsar la economía circular, aunque lamentó que el uso de cereales para producir biocombustibles esté condicionado por las necesidades de consumo alimentario.

La flexibilidad empresarial, clave ante las crisis

La segunda mesa redonda, dedicada a la resiliencia, los costes y la toma de decisiones en entornos disruptivos, reunió a Jaume Arimany, gerente comercial sénior de Proteínas de Bunge; J. R. Albareda, del Departamento de Compras de Materias Primas de Vall Companys; y Josep Ribó, director de Producción de Alimentación Animal de BonÀrea.

Los participantes coincidieron en destacar la capacidad del sector para adaptarse a escenarios cambiantes. En este sentido, explicaron que los fabricantes de piensos disponen de diferentes materias primas que pueden sustituirse o combinarse en función de las necesidades del mercado.

Arimany también señaló que la actividad internacional de Bunge facilita la búsqueda de alternativas ante las dificultades de suministro o las alteraciones de los mercados, proporcionando un mayor margen de maniobra a la compañía.

En cuanto a los costes, los ponentes consideraron que, ante una crisis, el objetivo no siempre puede ser evitar completamente sus consecuencias económicas, sino reducir su impacto y garantizar la continuidad de la actividad.

«La resiliencia tiene un coste, pero después de diferentes crisis hemos aprendido a ser ágiles. El reto es más de gestión que de inversión», afirmó Josep Ribó. El representante de BonÀrea insistió en la importancia de contar con equipos humanos preparados y bien informados para poder tomar decisiones y encontrar alternativas con rapidez.

El ferrocarril y las inversiones portuarias, herramientas para superar los cuellos de botella

La última mesa redonda abordó las dificultades logísticas que afectan al comercio agroalimentario, especialmente la falta de capacidad de almacenamiento, la limitada disponibilidad de profesionales del transporte por carretera y la necesidad de reducir el impacto ambiental de las operaciones.

La sesión contó con Ramón García, director comercial de Ership; Javier Dolader, Supply Chain Manager de Grupo Jorge; y Carles Segura, jefe del Área de Explotación de Port.

García expuso los proyectos de inversión que Ership llevará a cabo en Port, entre los que destacan la construcción de nuevas naves de almacenamiento y la implantación de sistemas mecanizados de transporte de graneles sólidos mediante cintas transportadoras.

Estas actuaciones permitirán ampliar la capacidad de almacenamiento y reducir la necesidad de camiones para trasladar el grano entre los buques y los almacenes, con el objetivo de mejorar la eficiencia operativa y disminuir las emisiones.

Por su parte, Javier Dolader explicó la apuesta de Grupo Jorge por el transporte ferroviario para conectar Port con los centros de producción de la compañía en Aragón. «Hemos querido acercar el puerto a nuestros centros de producción en Aragón», señaló.

La empresa ya utilizaba el ferrocarril para transportar productos cárnicos destinados a la exportación hasta Barcelona. A partir de esta experiencia, ha impulsado un modelo similar para las importaciones de cereal destinado a la elaboración de piensos.

Para ello, ha invertido en una superficie logística propia dentro de Port y en servicios ferroviarios regulares de transporte de cereales hacia las estaciones aragonesas de Zuera y Sariñena. Este sistema le permite disponer de un mayor control sobre la cadena logística, reducir la dependencia del transporte por carretera y mejorar su capacidad de respuesta ante posibles incidencias.

Carles Segura defendió el papel de las infraestructuras portuarias para responder a las necesidades del sector. Como ejemplo, destacó la ampliación del calado del Muelle de Castilla, una actuación que permitirá recibir buques de mayores dimensiones y mejorar la eficiencia del transporte marítimo, con una reducción de las emisiones asociadas.

Los tres participantes coincidieron en la necesidad de reforzar la colaboración público-privada para desarrollar soluciones que ayuden a superar los cuellos de botella y adaptar la logística agroalimentaria a los cambios del comercio internacional.

Con esta quinta edición, el Agrifood International Congress ha reunido de nuevo en Port a representantes de toda la cadena agroalimentaria para compartir experiencias y abordar los desafíos de un sector que necesita combinar competitividad, capacidad de adaptación y sostenibilidad.