J.A.D.

18/10/2012

Marisco, comida enlatada, carne, vino. Guantes, botas, cascos. Cables, válvulas, pintura. Barcas de salvamento, detectores de gas, luces de navegación. Y así hasta 5.000 referencias. Todo lo necesario para la navegación y algún que otro capricho que pueda solicitar un capitán o armador para su buque. Durante las 24 horas del día. Este trabajo es el que desarrolla la sociedad Dino Theo Atlantis, empresa de Tarragona especializada en suministros marítimos.

Imagen de Dino y Theodoro Dritsakis en una foto de la década de los 90

El negocio de esta familia de origen griego nació en Barcelona en 1956 de la mano de Theodoros Dritsakis, cuando creó junto a otros socios una empresa de suministros marítimos. Sin embargo, la tradición marinera de la familia se inicia ya con el padre de Theodoros que fue ingeniero en diversos barcos griegos. Anteriormente a la puesta en marcha de la empresa, Dritsakis trabajó como representante de la naviera helena Stamatiou Embiricos. Por avatares de su trabajo recaló en Barcelona en los años 50 del pasado siglo creando posteriormente la empresa mencionada. A mediados de los años 60 Dritsakis se traslada a Tarragona ante las posibilidades de suministrar todo tipo de efectos marítimos para el mantenimiento de la plataforma petrolífera ‘Casablanca’, frente a Sant Carles de la Ràpita. Y crea una nueva sociedad que bautizó comercialmente con el nombre de Atlantis que con el tiempo modificaría su denominación a la actual. Desde entonces cuenta con una sede en Tarragona a la que posteriormente se sumó la delegación que tiene en Algeciras, con un total de 22 empleados.

Dino Theo Atlantis es una referencia en el sector. Una base de 1.000 clientes, una media de 650 buques atendidos anualmente, almacén con un stock muy especializado. ‘Hay que conseguir lo que sea que pueda pedirte un barco’, explica Dino Dritsakis, hijo del fundador y actual director general de la compañía. ‘Mi padre solía decirme que no existe el no, y por tanto hay que servir lo que nos pidan’. Esa filosofía de servicio les ha llevado a atender pedidos curiosos, como el de un armador griego que quiso celebrar su 40 aniversario en España, aterrizando con su avión privado en Reus, comprando todo tipo de marisco y finalizando la fiesta en Madrid. Dino Theo Atlantis tuvo que encargarse de todo, incluso de buscar un conjunto para amenizar la fiesta nocturna. O un capitán de un mercante ruso que en épocas de escasez soviética pidió unos panties…, artículo de lujo por aquel entonces en su país. O bicicletas para poder recorrer las grandes esloras de los superpetroleros.

Los pedidos pueden venir de cualquier puerto. Una pieza que falta, difícil de encontrar, o un tipo de pintura que nadie tiene. ‘Si está en el stock de la empresa se sirve inmediatamente, en el puerto que nos pidan. En una ocasión tuvimos que llevar los suministros a Sicilia porque el armador quiso que fuéramos nosotros los proveedores del material solicitado’, explica Dritsakis. La mayoría de sus clientes son extranjeros y muchos encargos vienen de la mano de los consignatarios locales de los buques. Dino Dritsakis, que se incorporó a la empresa familiar en 1996, lamenta que ‘antes había un contacto más personal, y una fidelidad que hoy no existe’. Eran otros tiempos; cuando un buque podía estar quince días en el muelle descargando mercancía, frente a las 48, 24 o incluso menos horas que tarda hoy. ‘Incluso había capitanes de barco que les daba tiempo a venir a nuestra casa, y eran casi como de la familia’, recuerda con nostalgia Dritsakis.

‘Nosotros seguimos con la misma forma de trabajo de siempre: máxima calidad, respetar el precio y el pedido. Y algo que cuidamos especialmente: el stock. Mientras el mercado reduce stocks, en nuestra empresa tendemos a aumentarlo; así consigues mejores precios y tienes la mercancía que después te pueden pedir’.

Igual que otros sectores, el de suministros marítimos pasa también por un tiempo difícil. ‘Como consecuencia de la falta de fidelidad, y que en no pocas ocasiones el servicio pasa a un segundo lugar, lo que prima ahora es el precio. Se llegan a servir cosas por debajo del coste. Además padecemos también el intrusismo profesional, ya que desde fuera parece un negocio fácil y muy atractivo’. Con los años, y bajo el prisma de crecer diversificando su actividad, la empresa ha ido abriendo posibilidades comerciales en otros campos. Así, hoy ofrece servicios de pruebas de carga, inspección de botes salvavidas y calibración de equipos, entre otros. Y todo bajo una estrategia muy simple: ‘mantenernos en el mercado, consolidar nuestro negocio y reinvertir en él’

¿Y el futuro? ‘Me gustaría que mis hijos, la tercera generación, se incorporaran en un futuro a la empresa. Pero ¿quién sabe?’