J.A.DOMÈNECH
06/05/2020

La diversificación y los nuevos proyectos ayudaran a reactivar la logística portuaria

A la luz del decreciente volumen movido en el Puerto de Tarragona los pasados meses de febrero y marzo, algunos operadores portuarios sostienen, en declaraciones off the record a este medio, que el enclave tarraconense afrontará una más que lenta recuperación pospandemia. En algún caso, la perspectiva se anuncia incluso con un barniz claramente pesimista, al argumentar que  en el ranking estatal se acabarán perdiendo posiciones respecto a otros puertos.

Estos malos augurios se apoyan en las estadísticas recientes. Las cifras de enero ya no fueron buenas, y las de febrero continuaron en tendencia negativa, con un volumen de 2,1 millones de toneladas, lo que supuso un 16% menos que en el mismo mes del año anterior. En marzo los malos datos se acentuaron con la llegada del coronavirus. En ese mes fueron 1,9 millones de toneladas, con una merma del 38% respecto a marzo del 2019. El acumulado trimestral queda en 6,7 millones, un 25% inferior al primer trimestre del 2019. Una proyección que, anuncian los más agoreros, seguirá visualizándose al cierre contable de abril.

En todo caso, nada que no se conozca bien desde la propia Autoridad Portuaria de Tarragona (APT), que no se esconde ante las malas cifras. Al contrario; en declaraciones recientes de su presidente, Josep Maria Cruset, ya señalaba que “nuestra previsión es cerrar 2020 con un descenso del 20% en volumen, como mínimo”.

Entre los operadores, no todo el mundo comparte una visión negativa; al contrario, algunos vislumbran una “clara y sostenida recuperación” en el momento en que la economía inicie su reactivación. Una clave, para lo bueno y para lo malo, es la dependencia que el Puerto de Tarragona tiene de los hidrocarburos y químicos que, mes a mes, prácticamente mantienen una constante, acumulando el 70% de todo el movimiento portuario. En este punto hay que señalar la negativa influencia de la grave explosión el pasado mes de enero en la empresa Iqoxe en el polígono petroquímico, y su efecto dominó. Conviene subrayarlo, porque Iqoxe es un proveedor exclusivo de óxido de etileno, imprescindible para el funcionamiento de algunas plantas fabriles del polígono. Singularmente, se vieron afectadas los complejos de Repsol y Dow, por poner dos ejemplos muy significativos que importan su materia prima vía marítima.

El segundo puntal del tráfico del enclave es el agroalimentario. Este sumó el pasado año 5,7 millones de toneladas, en un registro que, desde hace tres ejercicios, cierra con récord respecto al año anterior.  De manera que petrolíferos, químicos y energéticos junto a agroalimentario suman el 90% de todo el movimiento portuario registrado en 2019, que fue de 32,8 millones de toneladas, que pudieron ser más  si no se hubieran padecido los efectos de los temporales de final de año.

Más allá de esta dependencia, muchas voces confían en la diversificación, aunque resaltan que “no es ningún demérito estar especializado en productos energéticos”, en los que la infraestructura local “es referente en el sur de Europa”. Añadiendo que “debemos mantener también nuestro liderazgo en tráfico de cereales. El Puerto puede incluso crecer, ya que  tiene margen pese a la dificultad en  hallar almacenes próximos, ya que en las descargas de mucho volumen se colapsan las instalaciones ubicadas en el recinto portuario. Ningún operador importante en este sector –remarcan– puede prescindir de Tarragona”.

Diversificación y nuevos proyectos

Es en la diversificación de tráficos, así como en los nuevos proyectos, donde se asientan los mejores argumentos que consolidarán la recuperación. Desde hace años, en cuanto a planificación, la infraestructura local ha venido haciendo los deberes, proyectando diversas ampliaciones y llevando a cabo proyectos ambiciosos para lograr acrecentar el movimiento de cargas y ser más atractivo en su hinterland de influencia. No vamos a extendernos; será suficiente con mencionar la nueva ZAL, que puede ser también un gran revulsivo para la economía local, el puerto seco en Marchamalo, la ampliación del muelle de la Química, el gran salto de la  apuesta por los cruceros –aunque se trata de un tráfico de proyección e imagen, y no tanto de ingresos para el propio Puerto. En resumen, un enclave “atractivo, ya que ofrece una imagen diversificada y que podrá adaptarse a las nuevas demandas de la logística”, señalan desde una empresa del sector.

Y más allá de las grandes líneas en las que trabaja la APT, el Puerto tiene grandes posibilidades en campos como el project cargo, los TEUs, que esperan su gran despegue, y el crecimiento, entre otros, de los tráficos muy especializados de pasta de papel y exportación de ganado vivo. Hay que recordar que la APT mantiene un plan de inversiones de 120 millones de euros hasta el ejercicio del 2023. Y que para este año proyectó un ambicioso plan comercial, que la crisis del Covid-19 ha obligado a disminuir.

Como indicaba recientemente Josep Maria Cruset, el enclave tiene “buena salud  económica para encarar épocas de recesión, y tenemos capacidad para hacer inversiones importantes, reactivar la economía y ayudar al territorio”.