TARRAGONAPORT
29/05/2019

El turismo de crucero está en alza y en 2018 se superó por primera vez la cifra de los tres millones de turistas que visitaron Barcelona llegados en crucero. Los impactos de esta modalidad turística se han analizado desde diferentes vertientes y ahora, un estudio de la Universitat Rovira i Virgili ha querido profundizar en la cómo la llegada de grupos de turistas de crucero en espacios públicos influye en la ocupación del espacio, tanto desde el punto de vista cuantitativo -de concentración de personas en momentos determinados- como cualitativo, del impacto que tiene con los otros ocupantes: otros turistas y vecinos. Es decir, han podido comprobar cómo el espacio se llena, se satura o cambia de usos según los flujos de personas y cómo cambian las relaciones entre las personas que conviven.

 

Un estudio de la URV analiza la movilidad de este tipo de turismo y la negociación que conlleva su llegada por el espacio público en la ciudad

 

El investigador Antonio Paolo Russo y la doctoranda Fiammetta Brandajs, del grupo de investigación Análisis Territorial y Estudios Turísticos (GRATET) -del Departamento de Geografía de la URV- han analizado dos plazas de Barcelona durante un mes seguido: la plaza Reial y la plaza dels Àngels. La primera forma parte del itinerario turístico de crucero, mientras que la otra no, a pesar de que durante los días de crucero también incrementa el flujo del tráfico. El seguimiento se hizo durante un mes (marzo 2017) antes y durante la Semana Santa. Así, durante cuatro semanas se pudo hacer la comparativa entre los días en que llegaban los cruceros y los que no.

Se utilizaron cámaras fijas instaladas en las azoteas de las dos plazas y han procesado las imágenes por ordenador. Se trata de una investigación cuantitativa -con los datos recogidos por las cámaras- y con cuestionarios a las personas para identificar qué perfil eran los que ocupaban las plazas. Y una cualitativa con la que se ha observado la relación entre los diferentes grupos: turistas individuales, trabajadores del barrio y cruceristas. Analizaron quien, en esta negociación del espacio público, es el primero que provoca la reacción de los demás.

En su trabajo han llegado a la conclusión de que los grandes grupos influencian tanto el comportamiento del resto, como en la percepción: sienten que un espacio donde hay una sobreocupación ya no es un espacio suyo, sino que existe una apropiación por parte de un colectivo (en este caso los cruceristas) que expulsa a los demás, no sólo desde el punto de vista físico sino de percepción de sentimiento de identidad, de propiedad, etc. “La percepción es que los espacios donde va el turismo de crucero es muy invasivo” apunta el investigador Paolo Russo.

Visitas concentradas

La visita de los cruceristas se concentra en un espacio-tiempo muy concreto y esta “es la más nociva”, apuntan los investigadores, porque este comportamiento influye en el aprovechamiento de la plaza por parte de los turistas que no son grandes grupos. Normalmente la ocupación principal para los cruceristas es desde las 11.00 de la mañana hasta las 16.00 / 17:00 de la tarde. Cada crucero funciona de manera independiente y su patrón de uso de la ciudad es muy marcado: desembarcan en el puerto, suben por la Rambla y hacen excursiones muy similares. Es por eso que hay una gran tendencia de concentración. Los generaliza que están poco tiempo en la ciudad, gastan poco (una media de 50/60 euros por día), ocupan mucho espacio y no es el clásico perfil de turista que se queda en la plaza un rato y se puede relacionar con la gente.

En la plaza Reial, cuando hay grandes grupos, los otros “ocupantes” desaparecen. En cambio, en la dels Àngels, incluso en horas de alta ocupación no se observan procesos de exclusión. Los turistas de crucero quedan más integrados “y eso es bueno por lo que deja desde el punto de vista económico y social y de ocupación de espacio”, apunta Fiammetta Brandajs. En la dels Àngels el comportamiento es diferente y “era difícil saber quién era el crucerista”, concluye.

Los investigadores consideran que frente a las políticas urbanas o de gestión turística la redistribución del turismo de crucero es importante. Proponen la figura de un gestor que debería impulsar una política proactiva de redistribución. Son conscientes de que es muy complicado, ya que es un negocio privado en un área de competencia estatal, y un cambio de modelo requeriría un posicionamiento claro de los actores que intervienen en la gestión del puerto. Y ponen de manifiesto, además, que las aberturas de las terminales nuevas se plantean siempre en positivo “porque se valora desde el punto de vista económico y más de temas de impactos materiales en la ciudad y en los ciudadanos”. Se han puesto de manifiesto sobre todo los aspectos relacionados con el impacto físico de los cruceros y su huella ecológica, pero todavía cuesta reconocer el efecto social sobre los espacios.

Esta investigación forma parte del proyecto Politur, un proyecto financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad sobre políticas territoriales en la gestión de los destinos turísticos en la época de las movilidades. Paolo Russo es el coinvestigador principal.